Viajes

Berlin

Berlín en mis ojos, Junio 2012

Hace ya 24 años de la caída del Muro de Berlín, tenía yo 10 años entonces y es a propósito de ese evento que escribo esto, un breve tributo a una ciudad que me trató como su hijo, un país que me recibió cariñoso y su gente que no paró de asombrarme por una enorme lista de cualidades demasiado larga como para escribir aquí.

Estuve en Alemania hace poco más de un año y después de pasar un par de días en Leipzig y una semana en Dresde, dirigí mis pasos hacia el lugar al que verdaderamente venia a ver en ese, ahora lo se, maravilloso país; un lugar que de mil maneras está íntimamente relacionado con todo lo que me ha hecho la persona que hoy en día camina a ratos y da tumbos por meses a lo largo y ancho de esta tierra.

Cuando le conté a Martin, amigo alemán actualmente radicado en Guadalajara, mi itinerario, me dijo “Berlín es un shock para todos los sentidos”. Martin, te quedaste corto. Berlín es una ciudad que vibra desde que entras a ella, se le siente respirar y observarte, se le siente bella y enojada pero al mismo tiempo amorosa y libre, mucho como la ciudad de México pero sin ser apabullante y monstruosa como mi ciudad natal. En ambas, esa impresión de ser una pequeñísima molécula en un mundo de gigantes siempre me llena de vida y me mueve a querer más, saber más, conocer mucho más y después fundirme con el lugar en el que me encuentre.

Berlín me recibió como recibes a un gran amor perdido largos años, bellamente húmeda me presentó nuevos amigos, me preparó un buen porro y me regaló una templada noche lluviosa después de un tráfico pesado pero muy moderado en el estándar chilango. Me regaló gente amable que no se conforma con dar indicaciones, la pareja a la que pregunté recién bajando del bus prácticamente me llevó hasta el punto en el que debía tomar el tren y después de todas las explicaciones necesarias sobre el U-Bahn me desearon suerte, a lo que solo pude contestar gracias, sonreír y olvidar la mayor parte de lo que me habían dicho, una semana después sabía moverme perfectamente por todo el transporte colectivo y me ubicaba sin problemas con puntos de referencia en Potsdamer Platz que esta muy cerca del hostal en el que me hospedé inicialmente, Alexanderplatz donde me encantaba ir a ver a la gente pasar, Tiergarten donde pasaba horas caminando o leyendo o la Ostbahnhof justo frente a East Side Gallery. “Ein bier und ein brezel, bitte” o “Ein bier und ein bratwurst, bitte” eran las frases que me alimentaban a diario y mi romance con Berlín continuaba creciendo cada día. Brandenburger Tor, el Computerspielemuseum, la impresionante Hauptbahnhof y todos los lugares que conocí no eran nada comparados con la amabilidad de la gente y esa apertura a hablar y compartir sus experiencias, preferentemente acompañadas de una cerveza. El imaginario colectivo tiene una idea del alemán racista y prepotente, un mito. No digo que no existan, como en cualquier lado hay ignaros, lo que digo es que yo no encontré a uno solo.

Pleasure delayer como soy, tardé una semana en ir al Berliner Mauer Gedenkstaette, exhibición al aire libre sobre la Bernauer Straße, el lugar donde inició todo el 16 de Agosto de 1961, un lugar en el que aún se puede sentir la nefasta, poderosa y opresiva vibra del Muro. Recuerdo salir de la estación del U-Bahn, que hasta mediados de los 90’s permaneció cerrada por encontrarse dentro de la Franja de la Muerte, y sentir esa presión en el pecho que se siente en los lugares con legados que van mucho mas allá de lo visible. Me ha pasado en Uxmal, Yucatan, en el Gueto Judío en Praga y en el Campo de Concentración de Sachsenhausen, no es una sensación común pero ese día casi pude traducirla en un malestar físico cuando el recuerdo del 9 de Noviembre de 1989 me golpeó en la sien justo ahí, justo en ese momento. Esa noche mi padre entró corriendo al departamento donde vivíamos gritando a mi mamá “¡Pon las noticias, están tirando el Muro de Berlín!” y mi primer memoria del Muro es la imagen apabullante de mucha gente reunida golpeando una enorme pared con marros y martillos, empujándola, queriendo derribarla, era como un gran disturbio pero en lugar de estar enojados solo se veían por la televisión rostros contentos, muy contentos. Un año después yo ya había visto Pink Floyd The Wall y sabía sobre el Muro mucho mas que cualquier otro niño de mi edad. Y cuando regreso del pasado, me percato que mi iPhone ha cambiado la canción a Another Brick in the Wall, así de aplastante es la vibra de este lugar.

Se que algún día no muy lejano haré todo lo que esté a mi alcance para vivir allá, en el corazón me traje a Alemania y su gente, en la mochila una enorme bandera negra, roja y amarilla y en el alma mis recuerdos entre los cuales esta el de una bellísima  señorona en Hannover que me abrió y compartió su casa, su comida, su familia y sobre todo su enorme sabiduría, Helga und Ernst ich liebe sie, dankeschön für alle!.

Hay lugares a los que pertenecemos, tierras lejanas en las que nuestra alma se siente en casa; de todos los lugares en los que he vivido o a los que he viajado alrededor del mundo, Alemania, pero en particular Berlín es otro lugar aparte de la Ciudad de México al que siento que podría llamar hogar por que “Berlín es la ciudad de todos los hombres libres del mundo, por eso Ich bin ein Berliner!” lo dijo Kennedy, lo digo yo también.

Update: Un hyper-lapse de Berlín que recordé tenía en algún lado y creo que este es el mejor lugar para compartirlo.

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